Suzanne lenglen: la divina que revolucionó el tenis y la moda

Antes de Serena, Venus, ni siquiera Coco Gauff, existió Suzanne Lenglen. Apodada La Divina, esta tenista francesa no solo dominó las pistas en los años 10 y 20, sino que también rompió moldes y redefinió la elegancia deportiva. Su legado trasciende los seis títulos de Wimbledon, incluyendo un asombroso quintillo consecutivo entre 1919 y 1923, o sus 21 títulos de Grand Slam en total.

Un atuendo que desafió las convenciones

Lenglen irrumpió en el tenis con un estilo propio, tanto dentro como fuera de la cancha. Hasta su aparición en Wimbledon 1919, las tenistas se ceñían a la etiqueta de “indumentaria de fiesta en el jardín”: largos vestidos con faldas amplias, corsés y blusas de manga abullonada. Lenglen, sin embargo, desechó esa rigidez. Optó por un vestido de seda jersey blanco, de corte recto, con caída en la cintura y un volante de plisado, que permitía una libertad de movimiento inédita. Un año después, sorprendió con un diseño aún más audaz: un vestido sin mangas y con un bajo más corto, coronado por un turbante.

El impacto fue inmediato. Patou, la marca que diseñaba su vestuario, experimentó un aumento drástico en las ventas, y la prensa de la época elogió la “libertad, adecuación y excelencia de sus líneas sencillas”. La conexión entre la moda y la sociedad era, y sigue siendo, palpable, como señala Sunita Kumar Nair en su libro ACE: The Times & Style of Tennis. “El tenis es un espejo de la época”, afirma Nair, “y la paralelización entre la sociedad y los atletas es constante, incluso hoy en día.”

El tenis, un escaparate de tendencias

El tenis, un escaparate de tendencias

La historia de Lenglen es solo una pieza de un puzle mucho mayor. El tenis, desde sus orígenes como un deporte elitista a finales del siglo XIX, siempre ha estado intrínsecamente ligado a la moda. Desde Patou y Coco Chanel, que incluso dedicó un espacio en su boutique de Deauville al vestuario deportivo, hasta Lacoste y la reciente colaboración de Coco Gauff con Miu Miu, la relación es innegable. La indumentaria, históricamente, reflejaba el estatus social; los “whites” o trajes blancos eran un símbolo de pertenencia a una clase privilegiada, un lujo que pocos podían permitirse mantener impecables en la época.

De agassi a sabalenka: la individualidad en la pista

De agassi a sabalenka: la individualidad en la pista

Con el paso del tiempo, el tenis ha evolucionado como deporte y como escaparate de estilo. La individualidad de los jugadores ha cobrado cada vez más importancia, expresándose a través de la ropa que eligen. Andre Agassi, por ejemplo, fue pionero con sus mallas de spandex y su estilo rockero, desafiando las convenciones. La psicología de la vestimenta, su influencia en el rendimiento, es un terreno fascinante que, como bien señala Nair, “es una fórmula interesante”.

Además, el tenis ha sido, a lo largo de su historia, un barómetro de las sensibilidades sociales sobre el cuerpo, especialmente el femenino. La polémica generada por el catsuit negro de Nike que lució Serena Williams en el Abierto de Francia de 2018 tras su maternidad, o la rigidez del código de vestimenta de Wimbledon, que exige el uso de blanco, son ejemplos de esta tensión constante entre la expresión individual y las tradiciones del deporte.

Hoy, las marcas ven en el tenis un filón de oro. “No hay contacto en el deporte, y puedes observar al jugador durante horas”, explica Nair. “Es un escaparate para las marcas, como lo demuestra el caso de Sabalenka y su Gucci, una verdadera pasarela”. El vestuario deportivo ha alcanzado niveles de alta costura, con diseñadores que invierten un gran esfuerzo en la creación de prendas de alto rendimiento.

Gabriela Sabatini, con sus vestidos ceñidos y joyas deslumbrantes, Serena y Venus Williams con sus trenzas adornadas con abalorios, Nadal con sus toques de neón. cada uno de estos jugadores ha tejido su propia huella en la historia de la moda del tenis. Son hilos que conforman un tapiz único y vibrante. Más que un simple atuendo, la ropa que visten estos atletas ofrece una muestra del poder, la juventud y la capacidad física del ser humano, una especie de “superpoder” que los aficionados buscan emular, ya sea a través de una camiseta o una gorra con el logo de Lacoste. Como dice Nair, “es una celebración de la juventud y de lo que el cuerpo humano puede lograr”.

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