Nepo babies de nueva york: ¿catarsis o obsesión?
Confieso algo: crecí odiando la escena de Nueva York. Criada en el Upper West Side, entre escuelas privadas y un selecto círculo social, juré que jamás volvería a ese universo de privilegios y dramas adolescentes. Pero ahora, en mis treinta y tantos, me encuentro devorando cada episodio de 'Next Gen NYC', una serie de Bravo que sigue las andanzas de la nueva generación de herederos neoyorquinos. ¿Por qué?
Un retorno inesperado a la adolescencia
La respuesta, quizás, radica en una extraña forma de catarsis. De niña, culpé a Nueva York por mi fracaso en un entorno escolar que percibía como superficial y obsesionado con el estatus. Fui una adolescente desajustada, con malas notas en todo salvo en inglés, y con una dificultad palpable para conectar con mis compañeras. Al escapar a una pequeña universidad en Ohio, me convencí de que mi miseria adolescente era culpa de la ciudad. Hoy, desde la distancia de Los Ángeles, y con una perspectiva más madura, puedo ver las cosas de manera diferente.
La serie 'Next Gen NYC' nos presenta a influencers como Emira D’Spain, Ava Dash (hija del ejecutivo discográfico Damon Dash), Brooks Marks (hijo de la estrella de 'Real Housewives of Salt Lake City', Meredith Marks) y Gia Giudice (hija de Teresa Giudice, la antiheroína de 'Real Housewives of New Jersey'). Sus fiestas en la costa de Nueva Jersey, sus galas en el Frick y sus encuentros de Halloween en House of Yes, evocan una sensación de familiaridad inquietante.
No son los jóvenes con los que crecí, la mayoría ni siquiera son neoyorquinos de pura cepa, y muchos han construido sus propios imperios desde la infancia. Sin embargo, comparten una esencia similar. Hay una curiosidad innegable al observar sus vidas, aunque sea desde la comodidad de mi sofá. Un misterio, por ejemplo, que me intriga es la participación de Charlie Zakkour en una especie de “casa de tortura” criptográfica en SoHo. Nadie entra en detalles, pero la sombra de ese episodio planea sobre la serie.

El eco de 'nyc prep' y la búsqueda de la normalidad
'Next Gen NYC' me recuerda, inevitablemente, a 'NYC Prep', un reality show de hace casi dos décadas que seguía a cinco estudiantes de escuelas privadas de Nueva York y, escandalosamente, a un alumno de una de las escuelas públicas especializadas de la ciudad. La exposición pública de sus dramas adolescentes, la humillación en las calles de Manhattan, combinaba la emoción de espiar la vida de personas que conocíamos vagamente con la horrible sensación de ver la vida que 'deberíamos' estar viviendo desplegarse ante nuestros ojos. En aquel entonces, creí que Camille y Taylor, los rostros más emblemáticos de 'NYC Prep', personificaban el ideal de vida neoyorquina: ricos, populares e infames.
Pero hoy, la perspectiva ha cambiado. Ahora, la idea de crecer en un entorno relativamente normal me parece mucho más atractiva que ser uno de esos jóvenes que bebían vodka de primera calidad como agua y experimentaban con drogas que ni siquiera sabríamos identificar. No sé qué estarán haciendo hoy los estudiantes de 'NYC Prep', y sinceramente, no me interesa saberlo. Después de que sus vidas adolescentes fueran expuestas en Bravo, creo que se han ganado el derecho a la privacidad.
A pesar de mis proclamas sobre haber superado mi adolescencia, la verdad es que sigo enganchándome a cada episodio de 'Next Gen NYC' como a un caramelo. Quizás, la verdadera madurez llegará cuando un reality show sobre ricos neoyorquinos deje de atraparme, cuando deje de llenar mis chats con actualizaciones sobre sus excentricidades. Pero, por ahora, la escena sigue siendo irresistible. La cifra habla por sí sola: la audiencia sigue creciendo y la serie se renueva por tercera temporada. El magnetismo de la ostentación, al parecer, es eterno.
