Harriet sperling deslumbra en boda real con un diseño wickstead
En una escena sacada de un cuento de hadas inglés, Harriet Sperling, enfermera pediátrica, y Peter Phillips, nieto de la difunta Reina Isabel II, han sellado su amor con una ceremonia que ha reunido a la realeza británica en el corazón de Gloucestershire. El evento, cargado de tradición y elegancia, ha dejado a todos boquiabiertos, pero especialmente por el vestido de novia de Sperling.

Un homenaje a la tradición y la modernidad en el cortejo nupcial
La elegida para vestir a la novia fue Emilia Wickstead, una apuesta segura para la realeza, siendo Kate Middleton, Princesa de Gales, una de sus clientas más fieles. El vestido, una columna blanca de crepé italiano color marfil que, según la propia diseñadora, “se adapta al cuerpo de una forma exquisita”, se coronó con un sobrio cuello cuadrado y una sobrecamisa de encaje adornada con delicados bordados de flores silvestres. Un detalle que, según Wickstead, refleja la conexión de la pareja con los paisajes de su infancia. Pero la verdadera joya fue la cola, que se extendía casi tres metros, inspirada en una silueta del siglo XIX y confeccionada con cientos de horas de trabajo artesanal.
Pero la sofisticación no se limitó a la novia. La Princesa de Gales, demostrando su maestría en el 'royal guest dressing', optó por un vestido plisado de corte años 20 en un delicado tono rosa empolvado, cortesía de Roland Mouret, complementado con unos pendientes de doble caída de Kiki McDonough y un brazalete que perteneció a la Princesa Diana. Un boater de Jane Taylor en el mismo tono completó un look impecable. La elección de Sperling, un deslumbrante par de salones de satén color marfil de Jimmy Choo, y sus joyas de Pragnell, la misma joyería que diseñó su anillo de compromiso con tres diamantes, consolidaron la elegancia y el buen gusto de la ocasión.
Las pequeñas damas de honor, las hijas de la pareja, Georgia, Savannah e Isla, también lucieron diseños de Emilia Wickstead, en una paleta de colores y tejidos que armonizaban con el vestido de la novia. Entre los invitados, rostros conocidos como el Rey Carlos III, la Reina Camilla, la Princesa Ana y el Príncipe Guillermo, que lucieron sus mejores galas, demostrando que incluso en un evento de esta magnitud, el código de vestimenta se respeta.
La bucólica iglesia de All Saints en Kemble, Cirencester, fue el escenario de una boda que quedará grabada en la memoria de muchos. Un día de celebración, amor y, por supuesto, estilo impecable. La ceremonia, un reflejo de la unión de dos mundos, el de la realeza y el de la vida cotidiana, se cierra con una imagen: la de una novia radiante, un vestido que habla de historia y modernidad, y una familia que celebra un nuevo comienzo. Un comienzo que, sin duda, estará lleno de glamour y sofisticación.
