El presidente frena su sueño de un white house a su medida
Dos gigantescas grúas se alzan sobre la Casa Blanca, un espectáculo que evoca más a una demolición que a una transformación. Mientras el viento nocturno hace balancear sus brazos metálicos, un juez federal ha frenado, al menos temporalmente, la ambiciosa remodelación que el Presidente pretendía imponer a la residencia oficial y a Washington D.C.

Una batalla legal que sacude al gobierno
La decisión del juez Richard Leon, nombrado por George W. Bush, supone un revés significativo para los planes presidenciales, que han sido objeto de controversia desde su concepción. Tras meses de litigio, Leon dictaminó que el Presidente carece, probablemente, de la autoridad para llevar a cabo estas modificaciones a gran escala sin la aprobación del Congreso. La imposición de cambios que podrían perdurar durante generaciones, sin la debida consulta legislativa, ha sido calificada como una transgresión de las normas constitucionales.
“A menos que el Congreso autorice explícitamente este proyecto a través de una ley, la construcción debe detenerse”, señaló Leon en su sentencia de 35 páginas. Lo que sí deja abierta la puerta es a la posibilidad de que, si el Presidente busca la aprobación del Congreso, este mantenga su control sobre la propiedad nacional y la gestión de los fondos públicos. La National Trust, que presentó la demanda, ve en esta resolución la confirmación de su postura y un beneficio para los ciudadanos de un proceso legal y constitucional.
Lo que nadie cuenta es la obsesión del Presidente con este proyecto. Se rumorea que preferiría perder una guerra en Irán antes que abandonar su ambición de construir un salón de baile a su imagen y semejanza. La cifra habla por sí sola: hablamos de una inversión millonaria, financiada inicialmente con donaciones privadas, cuya legalidad ha sido cuestionada desde el principio. La falta de transparencia en cuanto a los responsables del proyecto y la procedencia de los fondos ha sido otro de los puntos criticados por el juez.
La resistencia republicana, al menos mientras mantengan la mayoría, parece ser el principal obstáculo para la concreción de este sueño presidencial. Las grúas, por ahora, se quedan como testigos silenciosos de una batalla legal que podría redefinir el futuro de la Casa Blanca y, de paso, poner a prueba los límites del poder ejecutivo.
